Recuperando
La tradición
Este vino es una vuelta a la esencia de los claretes de Rioja, muy aromático, con mucha fruta y muy agradable de beber. La garnacha de esta zona tan fresca unida a la viura de viñas viejas nos lleva a revisitar la tradición del Najerilla, y modernizarla con un vino fresco y goloso.
Viñas viejas
blanco extremo
La zona del Najerilla siempre se ha conocido por la gran calidad de sus vinos blancos y rosados. La tradición de elaborar este tipo de vinos ha favorecido que los viticultores mantengan las viñas viejas de viura, malvasía o garnacha blanca, un patrimonio que ahora nos provee de la mejor materia prima para elaborar Palacio del Camino Real Blanco.
Juventud
y frescura
Una zona con viñas altas y frescas reúne las condiciones idóneas para elaborar vinos tintos jóvenes que trasladen a la copa toda la frescura y la madurez de sus uvas. Partiendo de viñedos viejos y con una mezcla sorprendente de Tempranillo, Garnacha y Viura, reflejo de las viejas viñas donde nace, se consigue un vino fino, amable y frutal.
Fruta, madera
y equilibrio
Tras más de dos años de crianza entre barrica y botella, la uva que llegó a bodega en su momento óptimo de maduración alcanza una perfecta integración con los matices de la barrica, consiguiendo un vino amable, equilibrado, fiel reflejo de los viejos viñedos de altura en los que nace, y redondeado por su crianza.
Complejidad
y estructura
Nuestro Reserva se elabora con la selección de los mejores racimos de los viñedos más antiguos del Valle del Najerilla. Pasa casi cuatro años de crianza entre barrica y botella, pero conserva la frescura y acidez, muestra la fruta en todo su esplendor unida a la complejidad y estructura que le aporta la madera.